Cerrado por vacaciones

Lo dependiente que soy de la tecnología y, al mismo tiempo, lo que valoro huir lejos y vivir por unos días (eso sí) en tiempos remotos.
Cada día soy más consciente de que acabaré explotando y mandaré cantidad de falsas necesidades al carajo. Con el teléfono lo practico cada vez más, qué tiranía vivir permanentemente localizable. Con lo sencillo que era todo cuando llamaban a casa y no lo cogías. Ahora vivimos acosados: te llamo al móvil (no lo coges o apagado), te llamo al fijo y salta el contestador (no estás o pasas de mi) Ves la llamada, soy yo, me ignoras ¿estabas en la ducha? En algún momento has tenido que mirar el móvil y ver la llamada perdida y si te mandé un mensaje tengo el acuse de recibo, no te hagas la sueca. Vale, tu teléfono se quedó si batería, no tienes saldo o prevés que no podrás pagar la próxima factura pero aún nos queda el correo electrónico. Socorro. Basta. Al principio parecía útil pero ahora se ha transformado en un auténtico instrumento de espionaje.
Y con Internet, qué. Se supone que todos estos cacharros nos iban a facilitar la existencia, qué gran mentira. Cada vez necesito más tiempo. Ya prácticamente no hago caso a mi televisor pero a cambio tengo que revisar el correo electrónico, ocuparme del blog, las suscripciones y qué sé yo.
No me quejo, aún tengo un pequeño universo desconectado de todo. No hay cobertura de ningún tipo y costaría una fortuna equiparlo. Diversiones que nos quedan: pasear, contemplar el fuego, mirar al infinito (esta última es mi actividad favorita) Las montañas, el campo, el río... En realidad, no sólo es un lugar.
Al 2006 le pido, sobre todo, paz en el mundo y en mi vida. En mi vida porque aunque me puedo cosiderar muy afortunada, siento que me falta un punto de serenidad. En el mundo, creo que no hace falta argumentarlo.
Salud, amor y tranquilidad para todos. Nos vemos pronto. Os echaré de menos.